lunes, 7 de enero de 2013

#2


Las cosas nunca se olvidan. Tan sólo se asimilan y se aprende a vivir con ello. 

Las horas viajan por tus manos y se te disgregan entre los dedos como el agua del río de tus propios pensamientos. Las lágrimas pasan a segundo plano cuando sientes que te ahogas en tu propia monotonía y las sonrisas y palabras que antes eran como un respiro de vida ahora no son más que recuerdos almacenados en aquel sótano descuidado en el que se ha convertido tu corazón. Las preguntas se almacenan en tu mente como infracciones de tránsito, aquellas que una y otra vez prometes que pagarás y nada más no ves el momento de tirarlas a la basura. 

Un gato solitario maúlla en el tejado y el eco de su aguda voz resuena en las paredes de tu soledad. Y frente a tus ojos ves zozobrar a tus ilusiones como aquel castillo de naipes que nunca pudiste completar. Y como siempre, eres incapaz de responderle a tu subconsciente la razón del estado anímico de tu alma.

-R.

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