Resumen: Los mimos siempre le han causado más repulsión
que simpatía. Sin embargo, a manos de uno de los seres que más odia en este
mundo, está a punto de descubrir la verdadera elocuencia del silencio.
Género: Comedia, Romántico.
Clasificación: No menores de 13 años.
Palabras: 3,501
Disclaimer: Debido a que esto es un fanfiction, he de
decir que los personajes protagonistas (al menos en cuanto a la descripción física)
no me pertenecen, pero la trama de la historia sí, la cual es completamente
ficticia. Me desligo completamente de responsabilidad si es que llegase a tener
algún parecido con la realidad.
Oh, cuatro meses, casi cinco. A que me tardé demasiado ¿ah?
Lo siento, tengo muchas excusas pero no me molestaré en enumerarlas aquí xD
Ciertamente tuve muchas dudas sobre lo que deseaba de esta
historia. Ahora las sigo teniendo pero realmente siempre tuve la idea de que
esto no iba a tener verdadera acción. Es de una temática puramente romántica en
la que la principal dificultad es la discapacidad de Matt y la aversión que Dom
le tiene. No es complicado, pero al menos en este capítulo, al final, pude
infiltrar un poco de mis líos mentales, inspirada en un libro que justo hoy
leí. No diré más por no ser spoiler.
Como sea, espero no decepcionar.
Ehm... Hoodoo es el título de una canción de la banda, que
viene en al álbum Black Holes and Revelations. Uno de sus tantos significados
es "mala suerte".
Con respecto al riff de guitarra que se menciona, yo tengo
la idea de la canción que quiero que sea, pero prefiero dejarlo a la
imaginación del lector(?) xD
Ehm... las conversaciones entrecomilladas hacen referencia a lo que quieren decir los personajes comunicándose con el lenguaje de señas. Lo puse así para que al leerlo, uno se pueda imaginar a los personajes pensando mientras mueven las manos. Si lo ponía con guión parecía hablado y le quitaba como que la esencia(? ideas mías, quizás.
Ehm... las conversaciones entrecomilladas hacen referencia a lo que quieren decir los personajes comunicándose con el lenguaje de señas. Lo puse así para que al leerlo, uno se pueda imaginar a los personajes pensando mientras mueven las manos. Si lo ponía con guión parecía hablado y le quitaba como que la esencia(? ideas mías, quizás.
Gracias por leer y comentar. Bienvenidas a las nuevas niñas.
Son geniales todas (:
…Se entiende como conciencia fonológica la relación que los
niños, durante el aprendizaje de la lectura y escritura, entablan entre los
elementos grafíos de la escritura con los elementos sonoros del habla. Si bien
se considera este periodo como uno crucial en el desarrollo cognitivo del
infante, cabe destacar que este proceso de raciocinio no se emprende durante el
comienzo de la educación básica, sino desde el momento en que el niño toma
consciencia de su alrededor e intenta nombrar la realidad que sus demás
sentidos captan…
Desafortunada derrota la que sufrió hace un par de días el
Chelsea ante el Atlético de Madrid, actual campeón de la tan anhelada
Supercopa. El director técnico de los actuales ganadores de la Liga de
Campeones no ha querido dar declaraciones al respecto, así como tampoco el tan
aclamado Niño Torres, cuya presencia en el campo pasó desaprecibida desde la
primera mitad del primer tiempo…
…puede deducirse entonces que el déficit en el nivel lector
de las personas con discapacidad auditiva no se debe a una discapacidad propia
para el pensamiento abstracto y el desarrollo cognitivo del aprendizaje, sino a
la deficiencia en la educación de quienes padecen esta discapacidad. Es
comprobable que el lenguaje de señas ha ido reduciéndose a niveles prácticos
para quienes no comparten este padecimiento: pareciera más importante aprender
a reconocer sólo ideas básicas con relación a las conductas fisiológicas
indispensables…
…Sin embargo, quien sigue cosechando triunfos es el
Barcelona, considerado el mejor equipo del mundo, quien contrario a nuestros
compatriotas, venció al Valencia uno por cero con un espectacular gol de
Adriano. Tal parece que la ausencia de su director técnico, el legendario
Joseph Guardiola, no les ha tirado los ánimos para…
…tales como el hambre, la necesidad de evacuar, la búsqueda
de alojamiento; así también los estados de ánimo, reduciéndose estos a extremos
contrapuestos: tristeza, felicidad. Pero ¿es realmente adecuado el plan de
aprendizaje para quienes se ven afectados por la hipoacusia o la cofosis?
¿Quién ha decidido lo que dichas personas pueden o no aprender? ¿Quién ha
diseñado un parámetro en el que las necesidades comunes sean más importantes
que la expresión de ideas, sentimientos y pensamientos…?
… han salido a la luz fotos comprometedoras de quien se
sospecha, es el hijo del respetable burócrata Georg Forster, miembro de nuestra
Honorable Cámara de Comunes. En las tomas, el muchacho de poco menos de veinte
años fue sorprendido con una prostituta en el barrio rojo de París. Foster
argumenta que el muchacho no es su hijo, sosteniendo la excusa de que el chico
está estudiando actualmente en Alemania…
La voz del locutor se vio
interrumpida cuando por fin, Dominic se decidió a cambiar la estación de la
radio —con el mando a distancia del reproductor—, que llevaría toda la mañana
encendida parloteando consigo misma. La única voz que el rubio escuchaba era la
de sus propios pensamientos, hilando ideas obtenidas gracias a sus múltiples
lecturas sobre el tema que elegiría para el desarrollo de su tesis.
Se estiró en la silla. La espalda
ya resentía la posición elegida y una pequeña molestia en las yemas de los
dedos se hacía presente luego de casi cuatro horas seguidas de redacción y
tipeo. Se frotó la cara con evidente fatiga: siendo casi la 1:49 pm del sábado
aún sentía una carga de sueño imposible de sobrellevar en el que sería su
penúltimo año en la universidad. Y es que los estudiantes de medicina
acostumbraban a descansar los fines de semana tanto como a mitad de ella no se
lo podían permitir, levantándose casi al medio día. Todos excepto Cristina:
ella solía despertarse bien entradas las tres de la tarde.
Desafortunadamente para él,
dormir casi toda la jornada no era la opción: además del trabajo obligatorio
para las clases, ahora tenía que compartir su escaso tiempo libre con el montón
de lecturas acumuladas sobre la discapacidad auditiva que devoraría ya casi en
su totalidad de no ser por unos cuantos artículos de revista pendientes. Peor
aún, debía aumentar a ello una hora obligada en la que sí o sí, tenía que
reunirse con cierto imitador enclenque y su igual de petisa acompañante y
traductora: sesión de práctica con el idioma de señas que ya se había vuelto
rutina desde hacía dos semanas.
Tras un flojo bostezo —porque
hasta eso le causaba pereza— volvió a frotarse la cara con ambas manos,
haciendo especial presión sobre los párpados para terminar de espabilarse, cosa
que no había logrado ni siquiera cuando iba ya por su cuarta taza de café
americano. Si Cristina no fuera tan guapa, si no fuera su novia, si no fuera la
mujer que le volvía loco con ese delicioso tatuaje en su espalda… No, aun así
tenía ganas de matarla. Sin usar la fuerza bruta, claro; porque él era un
caballero y como era obvio, no golpeaba mujeres.
Con todo, tenía que admitir que
las cosas no iban tan mal como pensaría en un principio. Las sesiones de
plática y práctica al aire libre nada tenían que ver con sus infantiles
fantasías terroríficas en las que el tal Matthew le atormentaría con sus
jueguitos irritantes, siempre maquillado con esa detestable capa de pintura
blanca, que no hacía sino acentuar su ya de por sí, famélica apariencia,
burlándose de sus adorados jeans y provocando las risas burlonas de Cristina y
de un algunas chicas más con las que había salido un par de veces en su
trayectoria escolar. No por ello significaría que esa era una hora
particularmente agradable; Dominic lo relacionaba mucho con la sensación de
estar atascado en el tránsito diario de la tarde-noche: se estaba acostumbrando
a ello, pero no dejaba de ser molesto. Y en cierto momento, ya notaba el dolor
de cabeza y la vena de la sien palpitándole gracias a esos inquisitivos y
detestados ojos azules del mimo. Se preguntaba si todas las personas sordas
eran tan irritantes, con ese aire de estar siempre de buen humor. De maldito buen
humor.
Un pegajoso riff de guitarra
llamó su atención. Provenía de la nueva estación de radio elegida y se había
convertido en todo un hit en el Reino Unido. Pese a admitir que era una buena
canción, a Dominic no terminaba de agradarle porque llevaba consigo el ingrato
recuerdo de cuando, literalmente, sentiría que le estaba vendiendo su alma al diablo;
la misma canción sonaría en cuanto el grupo de cuatro muchachos recibiera sus
correspondientes bebidas en uno de los barecillos cercanos a la universidad.
Admitía que si algo le haría la
noche, era la expresión de “¿cómo diablos he llegado aquí?” que todos, excepto
Cristina, compartían.
—Esto siempre está tan lleno…
pero bueno, es viernes. Qué podíamos esperar — se lamentaría ella una
vez que hallarían una mesa libre y la orden de cuatro cervezas fuera expedida
por Dominic. Debido al calor, la muchacha se recogería el cabello que se le
habría soltado durante su carrera para contactar a la pareja de jóvenes que
esperaban expectantes, tal cual infantes a punto de ser retados.
Silencio, un asentimiento por
parte de la castaña acompañante del mimo y los azules ojos de este, viajando de
un rostro a otro, como sospechando de estar perdiéndose de algo.
—Bueno, Danielle. Me dijiste que
te llamas Danielle ¿verdad? Tienes un bonito nombre. ¿Es francés? —Danielle
asintió—. Bellissimo. Yo soy italiana, pero Cristina suena tan común…
Cervezas llegando. Riff de guitarra. Cristina bebiendo un
sorbo para aclararse la garganta. El comienzo de su pesadilla hecha realidad.
—Dale, vamos al grano. Ya conocen
a Dominic, ¿no? Pues él y yo estudiamos medicina, creo que se nota – bromeó
señalando la bata blanca que aún portaban—. El punto es que Dom tiene un
proyecto de tesis y necesita ayuda… pero es tan tonto que prefiere atrasarse un
año más que pedir un favor…
—Hombres. Matt una vez se perdió
en un centro comercial cuando fuimos de visita a Mánchester. Prefirió caminar
casi una hora en busca de la salida que escribir exit en el móvil y
mostrárselo a un guardia.
Ambas muchachas se echaron a
reír, Danielle evidentemente con menos soltura. A Dominic no le quedó más que
rodar los ojos con irritación y Matt por su parte, mantener la misma faz de
ingenua confusión que con la que cargaba desde hacía veinte minutos.
—Y qué bueno que has tocado ese
tema. De pasada, pero da igual… — continuó la morena, al parecer agradecida de
que el tema que incluía la discapacidad del mimo fuera tan sencillo de
abordar—. El punto es que la tesis de Dom tiene que ver con ese problema: la
sordera — soltó de golpe—. Y mira que él tiene una hipótesis muy
interesante. Aunque lo veas así de gruñón — le dio un suave codazo—
se toma muy en serio su papel.
Como despertando de un trance,
Dominic levantó la mirada para encontrarla con ambos pares de ojos celestes que
le escrutaban, curiosos. Danielle se giró hacia Matt, movió las manos en unas
cuantas señas aún inentendibles para el par de médicos y el mimo asintió, al
parecer enterándose de algo. Cristina le lanzó entonces una elocuente mirada:
era su turno de actuar.
Aspiró una importante cantidad de
oxígeno. Su boca se movió casi por inercia, de la misma manera que lo habría
hecho antes con su profesor.
—Verás… quiero que mi tesis vaya
enfocada a una mejora en el método de enseñanza para personas con discapacidad
auditiva. La discriminación viene desde ahí, y me parece injusto que culpen a
los propios discapacitados de la deficiencia en el nivel educativo.
No le sorprendió que la muchacha
se tomara su tiempo para encontrar los ideogramas adecuados en su paráfrasis de
las palabras del rubio, rebuscadas para el resto de las personas, sencillas
para él. Aquello sólo alimentaba la convicción por su investigación.
—O sea… ¿dejar de hacer que la
gente crea que los sordos no piensan igual?
—Sí, más o menos. Has leído del
tema, imagino.
—Un poco — se encogió
de hombros—. Dicen que los sordos no aprenden igual, que no entienden lo que
leen. Pero Matt sabe leer. Y lee mucho.
—Para allá vamos. Quiero
demostrar que el desarrollo del pensamiento no tiene que ver con poder oír o
no, sino por la poca atención que se brinda a las personas con sordera –
explicó. Esperó hasta que Danielle terminara de traducir eso para el mimo, cuyo
ceño se fruncía de a poco. No era una expresión de enojo, sino de confusión—. Y
para ello necesito hacer observacio-
—Matthew no es una rata de
laboratorio – interrumpió la castaña, deteniendo también el movimiento de sus
manos. Ante el repentino silencio, Cristina se apresuró a intervenir.
—No quisimos decir eso.
Precisamente porque sabemos que a veces las personas se sienten intimidadas
cuando se trata de estar bajo observación, es que te pedimos ayuda. La
observación no es precisamente tener a alguien, en este caso a tu novio-
—Primo.
—Primo. No vamos a tener a tu
primo bajo el microscopio. Tampoco le vamos a sacar el cerebro – añadió
con un asomo de risa, con intención de distender la pesada atmósfera—. Se trata
más bien de convivir, y aprender de él.
Antes de que Danielle pudiera
replicar, Matthew le detuvo, al parecer exigiéndole traducción. Intercambiaron
palabras por un par de minutos, como discutiendo entre ellos. Dominic comenzaba
a marearse con los ágiles dedos del mimo yendo y viniendo. Sospechaba que de
poder hablar, sería el tipo de persona que podría cantar el himno nacional en
un veloz rap.
—Bueno, pero… supongo que no pueden
basar solamente su estudio en él ¿verdad? — acotó Danielle cuando la
muda charla se vio terminada.
—Eh… sí. Ese es otro punto que
queremos tocar.
—Sucede que como podrás hacerte
una idea, a las personas no les gusta saberse observadas. Sobre todo por
pasantes – intervino Dominic—. Se nos ocurrió que probablemente ambos tendrían
contacto con personas en la misma condición que Matthew — y aquí hizo
una pausa, provocada por el desconcierto de pronunciar por primera vez el
nombre de quien al parecer, iba en camino de ser su karma—. Y por eso-
—Necesitan contactos –
interrumpió Danielle. Los médicos pudieron atisbar un deje de irritación en su
tono de voz—. O bueno, infiltrarse.
—Sí – respondió Dominic
escuetamente. Los labios de la castaña se torcieron con desagrado—. Como
conocidos, quizás. Es más sencillo interactuar así que con la bata puesta. Da
muchas limitaciones.
—Pero no lo veas tan de esa
manera – intervino Cristina—. Míralo por el mejor de los lados: al final es
para ayudar a Matt y a las personas como él. A veces las tesis son el inicio de
importantes avances. No sabemos hasta dónde podamos llegar…
—La verdad no creo…
—¿Y si añadimos algo más? –Cristina
intentó hacerse notar por encima del alboroto, proveniente de unas cuantas
mesas alrededor—. Podríamos intentar conseguir unos retroauriculares para Matt
– sugirió, dirigiendo directamente la mirada hacia el mencionado y señalándose
el oído. Su mímica no era la mejor, pero al parecer, llegaba a entenderse.
Menos que un cacahuate le importó la elocuente expresión de su novio—. Para que
vean que esto va en serio.
—No, no. Muchas gracias pero la
verdad es-
Danielle intentó protestar y
Dominic casi se levantó para hacerlo junto con ella. Sin embargo, el mimo
demandó atención y traducción nuevamente. A la muchacha no le quedó más remedio
que interrumpirse para explicarle la situación, y de pronto volvieron a entrar
en una discusión —técnicamente— privada. Al rubio no le pasó desapercibido
cierto matiz de entusiasmo en los vivaces gestos del moreno y no supo si
asustarse o por el contrario, agradecer a esa divinidad bipolar que a saber qué
se traía entre manos. Danielle rezongó a lo que fuera que el mimo le dijera, o
parecía hacerlo cuando de vez en vez, sus manos daban palmadas contra su
regazo.
“Que diga que no, que diga que
no, que diga que no…”, rogó el cerebro escondido debajo de todo esa rubia
mata de cabello. Y cuando Danielle se giró para dirigirse por fin a ellos, ya
nada más le faltó cruzar hasta los dedos de los pies.
—Bueno… — comenzó la muchacha,
mirando alternativamente a su amigo y al joven médico—. Él… él dice que…
¡Puf! Como una nubecilla
inquieta, su recuerdo convertido en sueño se evaporó cuando el timbre de su
móvil anunció la llamada entrante de un número bien conocido. Sólo hasta
incorporarse, Dominic caería cuenta que se habría quedado dormido en lo que
según él, era un intento por descansar su vista agotada. No tardó mucho en
encontrar su celular peligrosamente cerca de la orilla de la mesa y alcanzó a
responder justo antes que la llamada se cortara.
—¿Y ese milagro? Las misas son el
domingo — saludó él con voz floja, mirando de reojo el diminuto reloj
ubicado en la esquina inferior derecha de la pantalla de su ordenador. Las
2:28. Algo no andaba bien.
—¡Hoodoo me despertó! – se quejó
infantilmente una somnolienta Cristina. Dominic sabía que la italiana se
refería a su falsamente adorable gatito negro, llamado así por su color y su
–según él—, espeluznante apariencia. Porque si había algo que a Dominic le
desagradaba tanto como los payasos y sus semejantes, eran los felinos. Y para
los gatos, el sentimiento al parecer era recíproco.
Luego de la improvisada y no
planeada siesta, Dominic se dio el lujo de disfrutar también la no planeada —pero
no por ello indeseada— llamada. Los primeros minutos fueron dedicados a
trivialidades, y el resto de la plática a algunas dudas e intercambio de ideas
e impresiones sobre la única clase que ambos compartían. La llamada terminó
tras quince minutos, pues ninguno de los dos podía darse el lujo de escatimar
el tiempo que le dedicarían a los montones de información y deberes apilados,
expectantes a ser terminados.
Una taza de café más fue lo que
se preparó antes de volver a sentarse, para releer lo avanzado. Se tomó su
tiempo analizando, haciendo correcciones por aquí y por allá.
“…un parámetro en el que las
necesidades comunes sean más importantes que la expresión de ideas,
sentimientos y pensamientos0oiugjvppppñlhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…”
Resignado, se encargó de borrar
el mundo de haches que había marcado sin querer al quedarse dormido frente al
ordenador. Podría ser peor, pensó. Podría haber sido veterinario y tener que
usar al gato de su novia como conejillo de indias en lo que sería su investigación
sobre el mal humor dominante en los gatos.
Aunque pensándolo bien, Hoodoo
tampoco hablaba, más sospechaba que entenderlo a él resultaría indudablemente
más sencillo.
“Manzana. M-A-N-Z-A-N-A”
El delgado muchacho asintió
energético cuando las manos del médico reprodujeron los movimientos de las
propias con más soltura de la habitual. A Dominic no le habría sorprendido que
de pronto el mimo ensalivara una estrellita de papel brillante para dejársela
en la frente. Matthew, haciendo caso omiso de su siempre presente seriedad,
continuó con las lecciones de vocabulario cotidiano. La actividad era sencilla:
señalar alimentos al azar, utilizar el ideograma común y deletrearlo luego.
“Pizza. P-I-Z-Z-A”
Se repitió el proceso. La
variedad culinaria de la cafetería les ofrecía un mundo de vocablos.
“Pasta. P-A-S-T-A”
Luego de la repetición, se
“quedaron en silencio”. El mimo miró a todos lados con su característica
expresión distraída.
“Me gusta la pasta. Es mi
favorita.”
—¿Mh? — Dominic le
miró, distraído, sin comprender del todo. Matthew repitió la secuencia de
señales a un ritmo más lento, deletreando las palabras de difícil comprensión.
Dominic asintió sin saber muy bien cómo responder a eso. Era una alteración en
la rutina alentada por la ausencia de Danielle, que regularmente fungía como
intérprete y que no habría podido asistir a la sesión de hoy debido a un
examen.
“También me gusta. Me sale bien.”
“Cocinas.”
“Sí. ¿Tú?”
“No. Yo quemo el agua.”
“Entonces es Danielle quien cocina.”
“No. Ella quema el cereal.”
Asintió, de nuevo sin saber qué
responder. Para entonces, el joven aspirante a médico se había familiarizado ya
con las bromas recurrentes por parte del mimo. Y aunque el sujeto seguía
pareciéndole menos que gracioso, tenía que admitir que la apatía se le esfumaba
gradualmente. Al menos la sien ya no le palpitaba cada vez que los celestes
ojos se dirigían a sus llamativos pantalones y adivinaba que Matthew se
aguantaba las ganas de soltar algún comentario poco afortunado sobre su sentido
de la moda. A su parecer, aquello era un gran avance.
Luego de un minuto de completo silencio,
en los que el rubio esquivaba los ojos del joven sordo fingiendo observar sus
apuntes sobre el lenguaje de señas, Matt volvió a hablar. Sus movimientos
eran tan evidentes que resultaría una grosería demasiado obvia fingir que no le
veía.
“No te agrado. ¿Verdad?”
Dominic se encogió de hombros. La
mala voluntad que el rubio le profesaba al mimo no era secreto para nadie.
“Tú me agradas. Y me golpeaste.”
“Me disculpé”, replicó frunciendo
el ceño. “Yo odio a todos los mimos.”
“Te perdoné. Yo odio a todos los
médicos, pero tú me agradas.”
La conversación –primera
conversación que mantenía con el mimo a solas— no tenía sentido para él.
Suspiró cansinamente.
“¿Por qué?”
“No lo sé.”
Silencio. Incómodo para uno,
divertido para el otro. La sonrisa ya no estaba, pero era evidente que Matthew
se la estaba pasando bomba con eso de entablar una conversación. Parecía ser
uno de esos sujetos que nunca se callaban.
“¿Por qué odias a los mimos?”
“Son…”
Se interrumpió para revisar sus
apuntes. No halló la palabra.
“I-R-R-I-T-A-N-T-E-S”
“Irritantes…”
Recargó la barbilla en una mano,
levantando los ojos al techo de forma pensativa. La teatralidad parecía ser
algo inherente a él, pensó el médico. El mimo tendía a ser una de esas personas
que llamaban la atención por su vivacidad.
“¿Soy irritante?”
“Sí. A veces.”
“¿Por qué soy irritante?”
Escuchó un coro cantar el
aleluya. La pregunta más sencilla del mundo.
“Porque siempre estás de buen
humor.”
Matthew negó enfáticamente con la
cabeza.
“No. Tú siempre estás de mal
humor.”
Dominic frunció el ceño nuevamente,
para gracia de Matthew, quien no desaprovechó la oportunidad y con una amplia
sonrisa, señaló su propio entrecejo y luego el del rubio. A regañadientes,
Howard usó un par de dedos para relajarlo, a lo que su expresión molesta
desapareció en cuestión de segundos.
“Los médicos curan. ¿Por qué los
odias?”
Esta vez fue el turno de Matt de
encogerse de hombros.
“Todos odiamos algo.” Y
mostrándose dubitativo por primera vez, añadió: “Y no todos queremos ser
curados.”
La sola mirada de Dominic fue
suficiente para que de nuevo, y de esa manera silenciosa, Matthew se echara a
reír. Miró su reloj de muñeca y tras darle un último bocado a su manzana,
arrojó el corazón al bote de basura más cercano.
“Tienes clase, y yo trabajo.
Adiós.”
Se levantó para marcharse con su
acostumbrado andar presuroso. Y fue sólo hasta que se perdió entre un grupo de
estudiantes que recién entraban a la concurrida cafetería, que Dominic bajó la
vista.
¡Oh, Dios, no parecía tanto tiempo!
ResponderEliminarBueno, ¿por dónde empiezo...? Bien, ¡me encanta Matt! No sé, le tomé cariño (pese a que como Dom odio a los mimos), pero se me hace tan «lindo» dentro de sus limitaciones que me termina generando hasta algo así como ternura. En cuanto a Dom, es un hereje por no gustarle los gatos, merece la hoguera (?). También me gustaría saber ya cómo van a ir avanzando con sus pláticas. ¿Sabes? Me gustaría saber el lenguaje de señas, creo que ya te lo dije, ¿verdad?
Encontré el capítulo tan pulcro. Algo que me gusta de ti es que pareces no repetir ni una sola palabra, todo queda tan fluido y bonito que se hace muy ameno leer. También quiero resaltar las noticias, no puede evitar sonreír con lo del Barça y Pep, aunque me diera cierta nostalgia (es que no quería que se vaya, pero entiendo que lo necesitaba). Todo eso hizo que el capítulo me gustara mucho, ¡sigue así!
Me alegra tenerte aquí de nuevo. Gracias por haber avisado, ¡te adoro mucho! Besos y abrazos, nos vemos por aquí en la próxima, ¡ánimo! <3.
No sé qué puedo decir, el otro Kao me ganó de mano y lo ha dicho todo. Le daría un like si esto fuera Facebook (?).
ResponderEliminarTambién me encanta Matt, aunque en mi caso no sé muy bien qué es lo que me produce, pero me encanta XD. Quizá sea el carisma que le diste (?) o quién sabe.
Me agrada cómo solucionaste esto de las charlas mudas (?). En general, llevas todo muy bien y no decaes.
Hasta pronto.
nueva lectora y sinceramente pense que no la segirias amo est historia me encanta la manera en como dom es y cmomo matth
ResponderEliminarno osea es raro aunque no le e entendido del todo porque Dom ya conoce a matth sin maquillaje?
si se enamoran?
porque dom lo odia? lol cuando la seguiras?
encerio muero por segirla
escribrs muy bien y esperon o perdermela
N-U-N-C-A
GRACIAS POR ESCRIBIR...
Yo encontre esto en amor yaoi y luego lo segui hasta aca x'D
ResponderEliminarEspero verdaderamente que lo continues x3
no sabes todo lo que estoy esperando para que subas pronto el siguiente capítulo ;_;
ResponderEliminarSoy nueva lectora (:
ResponderEliminarAdoré la historia, es imposible no amar a Matt aquí y bueno, estoy ansiosa por que subas un nuevo capítulo. Por cierto, me agradó mucho cómo pusiste la conversación entre Dom y Matt, le da un nosequé especial (?
tengo la esperanza de que algún día continuarás con la historia ;___;
ResponderEliminarHe vuelto luego de un par de años... ¡por favor vuelve! ;-;
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